El crecimiento es un factor inherente al ser humano. El desarrollo nunca desaparece. Es un proceso evolutivo de cualquier elemento que sólo termina, cuando aparece otra alternativa que mejora claramente las prestaciones de dicho elemento desarrollado.
Esta introducción marca el camino que debe seguir la producción de energías no renovables. En 1969 se creó la primera central nuclear en España, la central José Cabrera, situada en Guadalajara. Como cualquier ser vivo, a partir de su nacimiento, empezaron a crecer y a reproducirse, construyéndose otras centrales en otros puntos como Almaraz (Cáceres), o Cofrentes (Valencia). Para, en último lugar, morir, confirmando así su ciclo de vida: la central de Guadalajara apagó sus reactores en 2006.
Ahora, tras el desastre de Japón y Fukushima, se han levantado protestas en las puertas de las centrales españolas. Un sector de la población reclama sus cierres, creyendo que su proceso de vida se está aletargando. La electricidad, ese objetivo convertido en escusa del gobierno para su mantenimiento, tiene más productores: las energías renovables. Unas fuentes de energía imperecederas que necesitan un nuevo paso de confianza en su desarrollo que evite su estancamiento como alternativa energética.
No hay comentarios:
Publicar un comentario