martes, 15 de marzo de 2011

Un Estatuto por la dignificación II

“La argucia comercial de la inmediatez como táctica básica con la que recoger un puñado más de audiencia”.

Recojo esto del post anterior y me encaramo al lomo del periodismo deportivo, ¿de verdad el Estatuto es la solución definitiva? No podemos obviar que aceptar el Estatuto implica aceptar una profesión regulada con los famosos “carnés”. ¿Pierden su relevancia/garantía los blogs informativos? Sí, lo hacen. La cuestión es que si existen blogs extraoficiales es porque urge una incipiente necesidad informativa que no satisfacen los medios de comunicación convencionales u oficiales.

El periodismo deportivo español ha dado, por desgracia, un salto al vacío. El deporte, su concepto, ha quedado relegado a un segundo plano y el amarillismo se ha apoderado de las portadas para captar la atención de una audiencia que, por desgracia de nuevo, sólo puede elegir entre portadas sensacionalistas.

Me niego a aceptar que la prensa se haya adaptado a una audiencia que prefiere esta nueva “orientación” para subsistir. Creo que otro periodismo deportivo es posible y viable, además de necesario.

Taparse los ojos y tragar no sirve para comerse sin disgusto una comida rancia, pasada y que no satisface. Hay dos opciones: o el cocinero mejora su plato, o el comensal habitual acabará cambiando de restaurante.

Por eso, la audiencia que poco a poco está bajándose del tren de los medios oficiales, se sienta en el salón después de la jornada laboral y, teclado en mano, pasea por los rincones menos reconocidos de la red pero de mayor iluminación informativa.

El Estatuto es un primer paso estructural en la profesión. Un impulso que los medios deportivos deberán aprovechar para mirarse en el espejo, analizarse y comprobar que la necesidad informativa es verdadera, que existe y que cumpliendo su papel social son ellos quienes deben romper con la desinformación comercial que empaña sus publicaciones día tras día.

Un Estatuto por la dignificación

El Foro de Organizaciones de Periodistas redactó un Estatuto regulador de la profesión con la intención de que el Gobierno actual cumpliera su promesa electoral y lo llevara al Parlamento. Un Estatuto que trata de reconocer los derechos y deberes fundamentales del periodista.

Consiste en un proceso necesario y dignificante para una profesión y una figura comunicativa que se están desangrando con profundas heridas provocadas por los intereses empresariales, que se anteponen al uso ético de la información y apuñalan a la imagen del periodista como garante del derecho constitucional del ciudadano a la información veraz y plural.

Decía esta semana Iñaki Gabilondo en la presentación de su libro –‘El fin de una época’- que la industria comunicativa vive sometida a la lógica empresarial y que “el periodismo debería desarrollarse de acuerdo con unos parámetros intocables, unos principios éticos”, para que “la profesión tenga un encaje global”.

Esas “barreras éticas” de las que habla Gabilondo, vienen recogidas en el Estatuto. Un elemento que se antoja necesario para evitar que la figura del periodista quede degradada a una profesión dominada, entre otras cosas, por la argucia comercial de la inmediatez como táctica básica con la que recoger un puñado más de audiencia.