domingo, 6 de febrero de 2011

Ya no vale cualquier cosa

Sobre Túnez, leyendo el pasado 18 de enero el artículo publicado en El País de un profesor universitario y filósofo de origen argelino, Sami Naïr, el futuro del país puede pasar por tres caminos, tres hipótesis distintas, que poseen ventajas y desventajas para una maratón cuya meta, de momento, no se conoce y parece estar más allá de los 42 kilómetros oficiales.

La primera de las hipótesis que aborda Naïr en su artículo es aquella en la que el nuevo poder del sustituto de Ben Alí (que gobernó el país durante 24 años), Mohamed Ghanuchi, consiga restablecer la normalidad y elaborar una nueva Constitución que asienta una auténtica república democrática. Sistema en el que deberá desembocar esta transición política. No obstante, este camino está bloqueado por las fuerzas de Ben Alí y el poder sucesor cercano a sus filas que podrían ver acabado su dominio gracias a un resultado desfavorable en las elecciones.

El segundo camino aboga por un acuerdo entre las fuerzas opositoras (oficiales e ilegales) y el poder actual. Según Naïr, esta hipótesis deriva en la permanencia en el poder del partido afín a Ben Alí en una transición de tiempo indefinido. Un final que se antoja poco probable viendo el nivel de disensión del pueblo tunecino con respecto al poder anterior y el nuevo establecido.

El As en la manga que guarda el poder actual lo han visto todos los jugadores: establecer un régimen islamista conservador. Con él se controlarían las revueltas reivindicativas populares y tranquilizaría a su población. Sin embargo, este camino también parece difícil de recorrer. Las revueltas se han extendido por Egipto, la lideran personas jóvenes que saben que no tienen nada, que un mundo mejor existe y que, por tanto, lucharán a capa y espada por conseguirlo.

Y es que el cariz contestatario que tiñe cada revuelta, el desencanto que refleja cada protesta encabezada por jóvenes, transmiten la sensación de que la población ha despertado del conformismo extendido por la opresión y que ya sólo desean y aspiran a una libertad absoluta y verdadera que sólo han visto desde la distancia pero que ya saben que existe.

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