En la facultad de periodismo, desde el primer día, desde la primera asignatura, desde la primera frase del profesor, insisten en la importancia capital que tiene contrastar datos y opiniones para informar con la mayor amplitud y objetividad posible. Tomar la información sólo por una parte “implicada” provoca una elaboración de la noticia desde el enfoque que transmite esa parte, desconociendo y, por tanto, omitiendo el posible enfoque contrario.
El periodismo es un servicio público y como tal, además de responder en diversidad de contenidos, debe responder en calidad informativa. Por muy autorizada que sea la voz, la fuente, no se puede informar o reconstruir hechos sólo en función de ella. Y menos en términos absolutos. Existe un contexto y, seguramente, también exista una segunda parte que merece, por lo menos, la oportunidad de explicarse.
Existen los ejemplos de un falso acusado por el supuesto asesinato de su hijastra en Arona (Santa Cruz de Tenerife), que ha pasado un calvario “que le va a costar olvidar” porque los medios, utilizando a un médico como fuente, le juzgaron como “presunto asesino” antes de que llegara el juicio y la autopsia. Los medios provocaron que la población de Arona se echara encima del falso acusado, quien, tras demostrar su inocencia, asegura que emprenderá acciones legales contra “todo el que haya vertido mierda”. Normal.
Todo pasa por el interés empresarial de aumentar la producción informativa día tras día. Esto provoca que la calidad informativa disminuya y, cada vez más, se cometan más errores “periodísticos” que desembocan en situaciones desafortunadas como la mencionada anteriormente.
El periodismo no debe olvidar su función como servicio público, el contraste de información debe constituirse como un servicio exigible por la audiencia.
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