viernes, 21 de enero de 2011

Palomares y su manchón imborrable

En 1966, sobre la provincia de Almería, cayeron cuatro artefactos radiactivos consecuencia de un choque entre dos aviones militares norteamericanos. Rápidamente se rescataron tres de las cuatro bombas, la cuarta tardó más de 80 días en salir a flote. Un mes antes del rescate de la última bomba, a principios de marzo, el ministro de turismo del época, Manuel Fraga, tuvo que demostrar que no había riesgo el hecho de bañarse o pescar en esas aguas almerienses, por ello, acompañado por el embajador norteamericano Angier Biddle, se bañó en la playa de Quitapellejos en la pedanía de Palomares.

Hoy día, 45 años después del desastre aéreo, todavía se habla del plan del gobierno almeriense para comprobar la más que posible contaminación que puedan tener los terrenos de Palomares y sus alrededores. Por un lado, la construcción ha hecho caso omiso de la recomendación de las autoridades que pedían que no se removieran las tierras para que retuvieran la radiación. Por el otro, el ayuntamiento anuncia un plan de expropiación y análisis de terrenos que las organizaciones ambientalistas consideran insuficiente: “expropiar siete hectáreas para analizarlas es irrelevante teniendo en cuenta que son 266 hectáreas las que se estiman como contaminadas”.

Según el alcalde de Cuevas del Almanzora (localidad a la que pertenece Palomares), Jesús Caicedo, la gente de Palomares sólo quiere que se lave la imagen del lugar después de tanto tiempo. Sin embargo, casi medio siglo después, habría que considerar si las autoridades locales están adoptando las medidas necesarias para conseguirlo o se conforman con el añejo chapuzón de un ministro casi olvidado.

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